Wednesday, October 19, 2005

“la arquitectura existe, como el cine, en la dimensión del tiempo y del movimiento. Uno concibe y lee un edificio en términos de secuencias.
Jean Nouvel
“ El todo refleja cada parte y cada parte reproduce el todo. La relación del todo con las partes se establece en el movimiento y el movimiento está en la realidad.”
Jean Nouvel
“ El todo refleja cada parte y cada parte reproduce el todo. La relación del todo con las partes se establece en el movimiento y el movimiento está en la realidad.”
Sergei Eisenstein
Es verdad que aunque Eisenstein por herencia paterna y por afición personal dominaba más de algunas cosillas en el ámbito arquitectónico, su teoría ( inspirada en parte en los antiguos poemas Haiku ) del montaje en el cine, es fácilmente aplicable a todos los procesos artísticos y no solamente a la arquitectura.
Es verdad que aunque Eisenstein por herencia paterna y por afición personal dominaba más de algunas cosillas en el ámbito arquitectónico, su teoría ( inspirada en parte en los antiguos poemas Haiku ) del montaje en el cine, es fácilmente aplicable a todos los procesos artísticos y no solamente a la arquitectura.
Pero las preguntas que se formula el montajista :¿ que es lo que se corta?, ¿como y cuando se corta? ¿de que manera se relacionan dos o mas tomas o planos?; nos parecen notablemente familiares, al enfrentarnos al diseño de una obra singular o a una proposición urbana.
Por otra parte, pensar desde el montaje, es una buena manera de comenzar a construir una observación.
¿Y cómo no habría de ser así?. Si atendemos a Jean Nouvel, la decisión de lo que se ve, como se ve, con que tamaño, encuadre y duración; define los límites no solo de un plano en un film, también puede ser determinante en la configuración de la secuencia de los espacios interiores y exteriores de un proyecto.
Los arquitectos solemos hablar de continuidad, de límites, de umbrales, de articulaciones, de relación de las partes; otorgando diferentes nombres a una manera de estructurar eventos arquitectónicos. De este modo cinematográfico se puede determinar: el movimiento, el ritmo, el tiempo, y las diferentes percepciones de un lugar.
Así como, según Eisenstein, es en el momento del corte del plano o raccord, en donde está la clave del montaje, cada arquitecto tiene su manera propia de cortar o relacionar los espacios.
Algunos como Mies lo hacen abruptamente, Wright prácticamente disuelve un lugar en otro. Le Courbusier contruye un perfecto travelling, en la Ville Savoye. Bernard Tschumi propone alterar el significado de una secuencia espacial, con la inclusión de un espacio diferente, a la manera en que lo hace Tarantino en el cine.
O Adolf Loos, ese dandy de la arquitectura, que con su Raumplan instaura por primera vez, y en pleno Modernismo, la concepción libre del espacio y la disposición de recintos habitables relacionados entre si, en distintos niveles, sin estar unidos a ninguna planta. Como en la casa del escritor Tristan Tzara.
Desde el punto de vista el montaje, en la secuencia del espacio arquitectónico debe existir - como diría Louis khan- una "ley del orden", pero no en una secuencia temporal predeterminada. Siguiendo a Godard: “un film puede tener principio, medio y final. Más no necesariamente en ese orden”
¿Y cómo no habría de ser así?. Si atendemos a Jean Nouvel, la decisión de lo que se ve, como se ve, con que tamaño, encuadre y duración; define los límites no solo de un plano en un film, también puede ser determinante en la configuración de la secuencia de los espacios interiores y exteriores de un proyecto.
Los arquitectos solemos hablar de continuidad, de límites, de umbrales, de articulaciones, de relación de las partes; otorgando diferentes nombres a una manera de estructurar eventos arquitectónicos. De este modo cinematográfico se puede determinar: el movimiento, el ritmo, el tiempo, y las diferentes percepciones de un lugar.
Así como, según Eisenstein, es en el momento del corte del plano o raccord, en donde está la clave del montaje, cada arquitecto tiene su manera propia de cortar o relacionar los espacios.
Algunos como Mies lo hacen abruptamente, Wright prácticamente disuelve un lugar en otro. Le Courbusier contruye un perfecto travelling, en la Ville Savoye. Bernard Tschumi propone alterar el significado de una secuencia espacial, con la inclusión de un espacio diferente, a la manera en que lo hace Tarantino en el cine.
O Adolf Loos, ese dandy de la arquitectura, que con su Raumplan instaura por primera vez, y en pleno Modernismo, la concepción libre del espacio y la disposición de recintos habitables relacionados entre si, en distintos niveles, sin estar unidos a ninguna planta. Como en la casa del escritor Tristan Tzara.
Desde el punto de vista el montaje, en la secuencia del espacio arquitectónico debe existir - como diría Louis khan- una "ley del orden", pero no en una secuencia temporal predeterminada. Siguiendo a Godard: “un film puede tener principio, medio y final. Más no necesariamente en ese orden”
Tuesday, October 18, 2005
Construir una observación arquitectónica, o construir el objeto, como proponía Pierre Bourdieu, significa romper lo establecido en múltiples direcciones, ir más allá del sentido común, pensar relacionalmente, crear nuevas relaciones, atender a la historia de los hechos. Así un primer conjunto de datos y observaciones derivarán del acto de “pensar desde otra parte”, desde otros ámbitos de significación.
¿Qué puedo decir? No soy la primera arquitecto y sin duda no seré la última en relacionar la arquitectura con el cine buscando mirar el oficio desde el lado opuesto de la mesa. Desde Adolf Loos, pasando por Wright, Le Courbusier, Rem Koolhaas y Jean Nouvel-entre otros-lo han hecho, así es que me siento en buena compañía.
Además, desde mi infancia amo el cine. Aún recuerdo con nostalgia mis matinés dominicales en las que no discriminaba ningún género; el terror, la risa, la poesía y las balas, pasaban ante mis ojos asombrados. Sin saberlo compartía totalmente la afirmación de Antonin Artaud: “El cine es más exitante que el fósforo y más cautivante que el amor”.
Lo importante -creo yo- es aclararse el como se entrecruzan ambas disciplinas, que recursos, que valores comparten y aportan mutuamente.
Del cine, la arquitectura toma el sentido del movimiento, de la continuidad, del tiempo, del montaje, del encuadre, de la toma.
El cine recoge de la arquitectura el sentido de lugar, como sugerir una intención, un significado.
¿Qué puedo decir? No soy la primera arquitecto y sin duda no seré la última en relacionar la arquitectura con el cine buscando mirar el oficio desde el lado opuesto de la mesa. Desde Adolf Loos, pasando por Wright, Le Courbusier, Rem Koolhaas y Jean Nouvel-entre otros-lo han hecho, así es que me siento en buena compañía.
Además, desde mi infancia amo el cine. Aún recuerdo con nostalgia mis matinés dominicales en las que no discriminaba ningún género; el terror, la risa, la poesía y las balas, pasaban ante mis ojos asombrados. Sin saberlo compartía totalmente la afirmación de Antonin Artaud: “El cine es más exitante que el fósforo y más cautivante que el amor”.
Lo importante -creo yo- es aclararse el como se entrecruzan ambas disciplinas, que recursos, que valores comparten y aportan mutuamente.
Del cine, la arquitectura toma el sentido del movimiento, de la continuidad, del tiempo, del montaje, del encuadre, de la toma.
El cine recoge de la arquitectura el sentido de lugar, como sugerir una intención, un significado.
Pero lo que los une finalmente es el espacio.
La manera de trabajar el espacio.Sin embargo, la manera de entenderlo es diferente:
El espacio cinematográfico es una construcción fragmentaria que otorga pistas para su combinatoria.Es una idea de espacio que termina en la mente del espectador. Mitad físico, mitad imaginario, su concreción requiere constantemente del que observa.
El espacio arquitectónico es algo físico, existe en el aquí y en el ahora.Su materialidad lo hace co-temporal con nuestra realidad y su entendimiento supone una respuesta inmediata del observador, el que se ve obligado a elegir sus desplazamientos y puntos de vista.
Aunque el espacio arquitectónico también está dirigido a un observador-usuario-su percepción es dinámica, en cambio en el cine es pasiva y sometida a los desplazamientos de la cámara.
Lo mágico del cine consiste en permitirnos penetrar en otras temporalidades a través de la pantalla, pero por sobre todo, nos pone en relación con otros espacios capaces de coexistir y aún de borrar el espacio real en el que estamos.
¿Como haremos esa gracia los arquitectos?